Todos tenemos cosas que hacer pero no siempre los tiempos nos dan la oportunidad de terminar el día como quisieramos.

Con tantas cosas en mente es difícil planificar, organizarse y completar la agenda del día. Por eso, te comparto mi secreto para que tu tiempo rinda más.

La clave está en trabajar con una rutina slow. Una rutina enfocada en hacer las cosas de mejor manera. A mí me gusta que mi tiempo sea productivo y quiero ayudarte a que el tuyo lo sea también. Te comparto mis 4 pasos para un día planificado y slow.


1. Ten un calendario general

Tener un calendario general ayuda a preestablecer las tareas frecuentes para tenerlas en mente sin tener que escribirlas una y otra vez. Ideal para empezar bien la semana.

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Diseña un calendario semanal o mensual y anota las tareas recurrentes. Manten tu calendario a la mano o en formato digital. En mi calendario, por ejemplo, tengo planeadas las tareas generales de la semana –las horas en que publico, programo, comparto contenido, etc.– y en mi agenda voy anotando los pendientes de cada día. De acuerdo a la carga de trabajo diaria es que voy haciendo ajustes sobre la marcha con mi lista semanal sobre papel en mi agenda.

Tener un calendario de este tipo me ha permitido saber desde temprano cuál es el panorama de mi día. Así, sé por dónde empezar y cómo ajustar las tareas que surgen poco a poco.


2. Distribuye tus tareas en porcentajes

El calendario general es un calendario semi-fijo y ahora deberás establecer los tiempos para las distintas tareas fijas y no fijas del día. Una vez tengas los porcentajes de tu rutina, podrás incluir tareas semana tras semana en los espacios disponibles de tu agenda.

A mí me gusta seguir una proporción de 40-30-20-10.

El 40% de mi tiempo lo dedico a crear contenido, proyectos o hacer lluvia de ideas.
El 30% es para conectar en redes sociales, en el newsletter y grupos de facebook.
El 20% es para educación, investigar para generar contenido, tomar cursos o tutoriales.
Y finalmente, el 10% es de relajación, escuchar música y meditar sobre mi día.

Dependiendo de tus horas laborales ajusta las horas y proporciones. Por ejemplo, en una jornada de 8 horas, 3.2 horas son para crear, 2.4 para conectar, 1.6 para educación y 0.8 para relajación. Pero no tienes que seguir estrictamente los tiempos. Solo es una forma de balancear la carga laboral de manera práctica y sencilla.


3. Trabaja por bloques de tiempo

Una vez que definas el tipo de actividad por porcentaje, podrás armar entonces bloques de tiempo. Te permitirán balancear, organizar y planificar tu jornada y acvitidades.

He descubierto que fijar tiempos me ayuda a trabajar dedicadamente y con enfoque y luego puedo prestar mi atención a la siguiente tarea. Puedes usar una alarma para que trabajes sin detenerte y una vez que suene, cambia de tarea. Con estos bloques de tiempo no será tan pesado el día y podrás invertir tu energía equilibradamente durante el día.

 

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Si los ves como mini desafíos de tiempo, podrás trabajar con mayor determinación y acabarás en menos de lo que crees. Aprovecha los porcentajes de educación y relajación entre las tareas más cansadas. Así, aprovecharás los intervalos de tiempo pero no te sentirás agobiada.

La clave está en intercalar las tareas pesadas con las más sencillas.

No te preocupes si no eres blogger como yo. Aún puedes seguir estas proporciones de tiempo. Solo es cuestión de hacer pequeños ajustes. Te doy algunos ejemplos:

Si eres mamá: puedes dedicar el 40% de tu tiempo para los labores de la casa, el 30% para estar en familia, el 20% para tomar una clase o realizar un hobby y el 10% restante dedícatelo a ti.
Si eres estudiante: dedica el 40% para las tareas y la escuela, el 30% para relacionarte, el 20% para una clase extracurricular y el 10% para salir.

Una vez que hayas definido tus bloques de tiempo resultará sencillo planificar tus actividades.


4. Haz una lista de tareas semanales

Los bloques de tiempo son muy personales. Hay quienes definen desde temprano qué harán durante todo el día y a qué hora. Yo, en lo personal, prefiero ser más flexible. Mis bloques de tiempo no son tan puntuales, sino que los he distribuido a lo largo de mi jornada y solo tengo que ver mi lista de tareas para saber cuáles trabajar y en qué momento.

Si de 10 a 12 tengo asignado un bloque para generar contenido y en mi lista de tareas tengo hacer un artículo y un colaborativo, trabajaré cualquiera de los dos o el que sea más prioritario. Si termino en menos tiempo, puedo seguir con lluvia de ideas o adelantar el siguiente bloque.

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Para una rutina productiva no hace falta hacer todo más rápido sino de saber qué hacer y en qué momento. A veces la clave de hacer más es hacerlo más slow, de forma más reflexiva y en sintonía con tu productividad a lo largo de la jornada.

¿Tú cómo organizas tu día?

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